La actual temporada de limón Tahití en Brasil se perfila como una de las más atípicas de los últimos años. «Hace aproximadamente seis meses que los precios del limón no cambian en los campos del estado de São Paulo y permanecen en niveles muy bajos», una situación que, según el productor y exportador Sergio Negrão, de Jagrão Brazil, «históricamente nunca había ocurrido».
La explicación de este escenario reside en la estructura productiva y comercial del país. «El estado de São Paulo concentra el 70% de la producción nacional y está rodeado de los estados más ricos de Brasil, lo que convierte al mercado interno en el principal determinante de los precios. Sin embargo, ese mercado doméstico no está absorbiendo la oferta con suficiente dinamismo, manteniendo las cotizaciones en niveles que no cubren los costos de producción», expone Negrão.
La situación en el estado de Bahía es diferente. Allí, el precio de la fruta en campo está determinado por la exportación y no por el consumo local. Esto ha permitido que, durante los últimos tres meses, Bahía registre precios superiores a los de São Paulo. No obstante, la región enfrenta sus propios desafíos: retrasos de los buques y fuertes lluvias han reducido los volúmenes exportados. «En la semana 25 salieron apenas 107 contenedores de Brasil hacia Europa, cuando la media suele superar los 150. De ese total, solo 2 contenedores tuvieron origen en el Nordeste, como consecuencia de las lluvias y de los retrasos de los buques que han venido afectando la logística de la región», señala.
A ello se suma una cuestión relacionada con los calibres de la fruta: mientras São Paulo concentra limones de mayor tamaño, lo que dificulta atender determinadas especificaciones del mercado europeo, Bahía presenta la situación opuesta, con predominio de calibres más pequeños.
Brasil es actualmente prácticamente el único proveedor de limón Tahití para Europa. La principal razón es que el país continúa sin acceso al mercado estadounidense por motivos que Negrão califica como «comerciales y políticos», ya que millones de trabajadores mexicanos dependen del sector citrícola y el Gobierno de Estados Unidos protege ese segmento bajo argumentos fitosanitarios.
Ante la imposibilidad de exportar a Estados Unidos, Brasil ha diversificado sus ventas hacia Canadá, aprovechando ventanas de oportunidad cuando los precios mexicanos alcanzan niveles muy elevados. Aun así, el mercado canadiense tiene un consumo limitado, y Europa —especialmente Reino Unido y Países Bajos— sigue siendo el principal destino de la fruta brasileña.
Para el segundo semestre, Negrão prevé que Colombia, México y Perú comiencen a enviar fruta a Europa a partir de julio o agosto, coincidiendo con el inicio de sus respectivas campañas. «Sin embargo, la situación es inversa en agosto, ya que los precios en Brasil empiezan a subir con fuerza, mientras que en México comienzan a bajar considerablemente», explica.
Más allá de los factores de mercado, Negrão identifica un problema estructural: la falta de coordinación entre los productores brasileños. «Todos están compitiendo, y eso hace que los precios bajen», lamenta. A pesar de que Brasil cuenta con el mayor mercado consumidor de América del Sur —cerca de 220 millones de habitantes—, el sector aún no ha conseguido organizarse para sostener mejor los precios en el mercado interno.
El productor y exportador se muestra optimista respecto al papel de Brasil en el mercado global a largo plazo. «Brasil siempre será el principal proveedor de Europa», afirma, destacando la capacidad del país para producir fruta durante todo el año gracias a su diversidad climática y a su enorme extensión territorial —»el quinto país más grande del mundo—, ventajas que ningún otro competidor consigue reunir al mismo tiempo», concluye.
Fuente: freshplaza.es


