En Europa el ritmo de los pedidos ha bajado en torno al 30% respecto al curso anterior. Las distintas teorías que intentan explicar la situación.
La campaña citrícola se encuentra sumida en una fase de estancamiento que preocupa a los agentes comerciales y a los productores de agrios. La realidad más tangible a fecha de hoy es que las operaciones de compraventa en el campo brillan por su ausencia. Los pocos tratos que se cierran se circunscriben a partidas muy concretas y limitadas pero la atonía es la tónica dominante.
Una de las causas que explicaría la parálisis naranjera se encuentra en el descenso que está sufriendo la demanda de cítricos en los principales mercados europeos. Algunas fuentes del sector comercial cifran esa caída «en más de un 30%» respecto al año pasado y atribuyen tal circunstancia a un retraimiento general del consumo quizá motivado por el pesimismo ambiental que genera la crisis financiera quizá debido a la estrategia que podrían estar usando las grandes cadenas de distribución para contener el número de pedidos y poder negociar así los precios a la baja. Un veterano exportador comentaba ayer mismo a este diario que «si el año pasado por esta fechas servíamos siete u ocho camiones a nuestros clientes cada semana este año apenas cargamos tres».
La pesadez que muestran los mercados exteriores se traslada de inmediato al campo donde el marasmo comercial está adquiriendo proporciones alarmantes. Las copiosas lluvias caídas en la Comunitat Valenciana durante las últimas semanas han frenado las tareas de recolección casi por completo una circunstancia que según algunos observadores ha jugado a favor de los intereses del negocio citrícola en la medida en que ha impedido la acumulación de mercancía en los almacenes frente a una demanda titubeante. La impresión general es que cuando escampe y se normalice el nivel habitual de recolección empezaran a aflorar en su verdadera dimensión los problemas de fondo de una campaña que se intuye complicada.
La sombra de la venta «a resultas»
Las organizaciones de agricultores no ocultan su inquietud ante la ausencia de tratos comerciales en el campo. Son plenamente conscientes de que la cosecha es muy elevada y sospechan que la escasez de operaciones no obedece tanto a la caída de la demanda en Europa como a una toma de posición del comercio para negociar a la baja los precios del futuro más inmediato o sencillamente para abrir las puertas al regreso de las temidas ventas a resultas (sin precio previo pactado).
Preocupación por baja demanda
En Europa el ritmo de los pedidos ha bajado en torno al 30% respecto al curso anterior. Las distintas teorías que intentan explicar la situación.
La campaña citrícola se encuentra sumida en una fase de estancamiento que preocupa a los agentes comerciales y a los productores de agrios. La realidad más tangible a fecha de hoy es que las operaciones de compraventa en el campo brillan por su ausencia. Los pocos tratos que se cierran se circunscriben a partidas muy concretas y limitadas pero la atonía es la tónica dominante.
Una de las causas que explicaría la parálisis naranjera se encuentra en el descenso que está sufriendo la demanda de cítricos en los principales mercados europeos. Algunas fuentes del sector comercial cifran esa caída «en más de un 30%» respecto al año pasado y atribuyen tal circunstancia a un retraimiento general del consumo quizá motivado por el pesimismo ambiental que genera la crisis financiera quizá debido a la estrategia que podrían estar usando las grandes cadenas de distribución para contener el número de pedidos y poder negociar así los precios a la baja. Un veterano exportador comentaba ayer mismo a este diario que «si el año pasado por esta fechas servíamos siete u ocho camiones a nuestros clientes cada semana este año apenas cargamos tres».
La pesadez que muestran los mercados exteriores se traslada de inmediato al campo donde el marasmo comercial está adquiriendo proporciones alarmantes. Las copiosas lluvias caídas en la Comunitat Valenciana durante las últimas semanas han frenado las tareas de recolección casi por completo una circunstancia que según algunos observadores ha jugado a favor de los intereses del negocio citrícola en la medida en que ha impedido la acumulación de mercancía en los almacenes frente a una demanda titubeante. La impresión general es que cuando escampe y se normalice el nivel habitual de recolección empezaran a aflorar en su verdadera dimensión los problemas de fondo de una campaña que se intuye complicada.
La sombra de la venta «a resultas»
Las organizaciones de agricultores no ocultan su inquietud ante la ausencia de tratos comerciales en el campo. Son plenamente conscientes de que la cosecha es muy elevada y sospechan que la escasez de operaciones no obedece tanto a la caída de la demanda en Europa como a una toma de posición del comercio para negociar a la baja los precios del futuro más inmediato o sencillamente para abrir las puertas al regreso de las temidas ventas a resultas (sin precio previo pactado).


