Nicolás Sánchez es uno de los hombres más influyentes de la fruticultura del Alto Valle. Es CEO de Grupo Prima, que tiene entre sus activos a empresas como Moño Azul, Patagonia Trade Fruits y El Curundú en Valle Medio, que suman unas 1.400 hectáreas productivas. Es, además, presidente de la Cámara Argentina de Fruticultores Integrados (CAFI), la gremial que agrupa a los empresarios exportadores de frutas. En plena temporada llega a la entrevista con +P con un talante optimista. También es ejecutivo en sus respuestas y hasta se toma tiempo para lanzar alguna autocrítica del sector.
Entusiasmo empresario
Se le hace notar su actitud positiva a poco de haber comenzado la cosecha, y acepta que “hay un entusiasmo, en el sentido de que arrancamos un año con mercados limpios, digamos, sin stocks”, y recuerda que “en los últimos meses del 2024, que fue cuando hubo un enfriamiento fuerte en la economía de Argentina, vendíamos la mitad del volumen de lo habitual en los últimos tres o cuatro meses del año”.
Fue un coletazo de lo que considera “dos años de reacomodamiento de la economía en Argentina”, y eso llevó a que, con fruta sin vender de la temporada anterior guardada en frío, y ya con la cosecha encima, el año pasado salieran a vender peras “a un precio marginal para recuperar, por lo menos, los materiales”.
Analiza que hubo una conjunción de factores, como la caída del consumo y el anclaje del tipo de cambio, “con costos que sabías que iba a ser muy difícil recuperar. Entonces, fue todo medio una tormenta”.
En ese punto, reconoció que, con caídas en el mercado interno y ventas poco dinámicas a Brasil, “todos cargaron más Estados Unidos, e hicimos bolsa Estados Unidos. Y hoy tenés al comité de la pera Bartlett, de California, con una campaña en las redes desprestigiando la producción argentina por eso”.
Sobre el final del año que acaba de terminar, “nadie especuló, por lo que había pasado en el 2024, y la fruta se movió. Y, a lo último, terminó valiendo, y eso dio un poquito de aire. Además, en cierta manera, tuvimos consumo interno. Así que este año arrancamos quizás con una situación más normalizada, con precios más normales, o quizás algo mejores”.
Sánchez se muestra casi resignado con el tipo de cambio. Evalúa que “el Gobierno se siente cómodo” con el actual valor del dólar, pero le apunta con decisión a la carga impositiva, como una necesidad para mejorar la competitividad, porque “hoy a muchas industrias les cuesta no solo salir a competir afuera, sino también competir ahora con una economía abierta; por lo tanto, Argentina en algún momento eso lo va a tener que acomodar”.
Admite que “los industriales quizás se pasaron de rosca, pero ahora es al revés. ¿Viste que se decía que antes se cazaba en zoológico? Bueno, ahora los cazan dentro de un zoológico”, y le preocupa que “pasás de un lado al otro con una vertiginosidad que es muy difícil. Por eso tenés el cierre de fábricas y de industrias en Argentina”.
Y se mete con el argumento del Gobierno, que defiende la apertura comercial pensando en beneficiar el bolsillo de los consumidores, “pero los consumidores también son trabajadores en algún momento, y es necesario que puedan mantener sus trabajos”.
Sin crédito no hay malla
Pasaron las 18 horas y se termina la jornada laboral en las oficinas de Grupo Prima. En la puerta se despiden los profesionales, y se va vaciando el estacionamiento, donde casi no quedan lugares libres.
Adentro sigue la charla. Interrogamos sobre las señales que mandan los mercados en el comienzo de la temporada y responde: “Los mercados son desafiantes, como siempre”. Y lo que resalta es que el sector exportador de frutas del Alto Valle debe resetear estrategias. “El 2024 y 2025 fueron años particulares, porque veníamos con un determinado seteo de la composición de mercado y se manejó así. Y bueno, nadie la vio venir, como que el consumo no iba a estar. Porque en el pasado, el mercado interno y el negocio del segundo semestre siempre fueron muy buenos”.
“Depende de la empresa, nuestro producto va a un segmento de 40 a 60 países, y hubo una cosecha de peras y manzanas bastante fuerte en el hemisferio norte”, y al mismo tiempo “el mercado interno está funcionando bien. Más o menos el consumo va. Hoy no hay fruta (la demanda supera la capacidad de la oferta porque recién comienza la cosecha), pero hay que ver qué pasa ahora cuando ya la cosecha se estabilice y haya un poco más de oferta”.
Así, tanto el mercado interno como el de Brasil “se están llevando casi todo lo que hay o lo que se cosecha. Y después está Estados Unidos, que tenemos pedidos”.
A modo de anécdota, Nicolás cuenta que “el año pasado había tanta búsqueda de pera en Estados Unidos, porque ellos tuvieron una cosecha menor, que salió un barco bodega completo, y eso fue un error”, y aseguró que “es mejor que vayan llegando de a contenedores”, para no saturar los mercados.
Y vuelve al tema central: “El desafío sigue siendo el costo argentino, porque los impuestos al débito, al crédito, al cheque y todo eso siguen estando. Además de las cargas sociales. Todo sigue siendo un peso enorme”. Como presidente de CAFI, se le consultó si se habían contactado con Diputados y Senadores de la Nación en la previa del tratamiento de la reforma laboral.
Comentó que “los de ambas provincias (Río Negro y Neuquén), y sobre todo los oficialistas, están a disposición. Estamos charlando y estamos planteando nuestra postura. También lo hacemos vía la COPAL (Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios)”, una entidad gremial empresaria que representa a más de 14.500 empresas del sector de alimentos y bebidas, incluyendo el sector frutícola.
Respecto del “arco opositor”, Sánchez confirmó que se comunicó con el senador nacional peronista Martín Soria. No le adelantó su voto, “pero sí le contamos un poco cómo es nuestra realidad”.
¿Qué le dan a a mi trabajador?
Sobre lo que espera el sector de la reforma laboral, y de los miedos que expresa la dirigencia sindical, confió que “no creo que veamos un impacto positivo en el corto plazo. Yo creo que esto va a ser largo y esto es parte de un proceso que creo que también va a ser largo. No creo que después de que voten esta ley cambie la vida de nadie”.
Como cualquier cambio no tendrá efecto retroactivo, este dirigente espera cambios “pero en los proyectos futuros o emprendimientos nuevos”, entonces se pregunta y se responde: “¿Qué nos va a cambiar? Y… quizás, tres puntos de la escala social, nada”.
Otro aspecto controvertido es el cambio propuesto en el sistema de indemnizaciones por despido, para ir a un formato como el de la UOCRA, con un fondo de desempleo. Pero Sánchez es escéptico, porque “nosotros tenemos nuestro convenio laboral, y salir del convenio no creo que salgamos. Porque si salís para entrar en ese nuevo mecanismo, tenés que indemnizar a todo el mundo, tenés que vender la empresa para pagar”.
Además, se diferenció de la dinámica de la construcción: “No trabajamos haciendo edificios, que se terminan y van todos a la calle. Nosotros a la gente, que ha ido capacitando, la necesitamos, tenemos un vínculo”.
Sí reparó en “la cuestión más impositiva” del mundo laboral, más que en los derechos de los trabajadores. Y fue más específico y centró su preocupación “en la plata que yo le pago al Estado”.
“¿Esa plata va a educación? No, porque la educación es provincial, no nacional. ¿A dónde van esos recursos? ¿Qué le dan a mi trabajador?”, se preguntó. Y lo determinante para Sánchez es que “cuando te comparás lo que lleva la caja de fruta de Argentina versus la caja chilena o la caja de Sudáfrica, y los costos son distintos”.
Por la ventana que da a la barda sur se ve un cielo gris y hay una serie de alertas meteorológicas de todos colores por tormentas. Las amenazas pasaron a los hechos hace pocos días, con granizadas que se llevaron millones de kilos. Desde los gobiernos provinciales reflotaron la demanda a la Nación para que lance líneas de crédito a largo plazo y baja tasa para que los productores puedan avanzar con la instalación de mallas. Sánchez dice que ve “muy difícil” que algo de eso ocurra, y reconoce que “lo de este año fue un desastre”.
“Acá hay que hacer como hizo Mendoza, que dio créditos a tasa cero y a largo plazo”, y explicó cómo es el análisis financiero y económico de esa inversión: “Hoy en día un productor piensa: pongo la malla, inmovilizo un montón. Y tal vez prefiera reconvertir una hectárea. Si tomás deuda y ponés malla, vas a proteger tu flujo de caja a futuro. Eso puede ser. Ahora, no te cae el granizo en cuatro años, y esa inversión resulta carísima”.
Cuenta cómo fue el proceso puertas adentro de su empresa, y relata que “tomamos deuda en el exterior y pusimos un montón de malla. Pero ahora me vence esa deuda, y una deuda te da debilidad”. En todo caso, “debería ser una deuda a más de 10 años; a 15 años sería mejor. Pero acá no existe eso. En Chile, que no tiene granizo, tiene esos créditos. Chile tiene créditos a quince, veinte o veinticinco años”.
Recordó un ya viejo proyecto para financiar la instalación de malla del año 2017, que estimaba que la inversión para el Alto Valle debería rondar los 100 millones de dólares. “Se había relevado, ya estaban presentadas las carpetas, los proyectos, las empresas y todo. La plata que venía de la CAF (Corporación Andina de Fomento) iba al Banco Central y ellos nos daban pesos”, pero el último intento por destrabarlo, sin éxito, se hizo durante la presidencia del peronista Alberto Fernández.
Trabajamos en equipo
En el aspecto sanitario, la preocupación pasa porque “tenemos un extra costo, y no por un tema sanitario nuestro, sino por cuidarnos de un tema sanitario de otro. Básicamente del cítrico dulce. Los tipos tienen enormes problemas de plagas (mosca de los frutos), que nosotros no generamos, sino que la recibimos, y tenemos un costo enorme”. Y para controlarla en la región, antes se recibían aportes de Nación y de Provincia para financiar el programa, pero ahora los casi 2.700 millones de pesos anuales que cuesta ese sistema “los comenzó a financiar en exclusividad la actividad privada”.
Pero no ve Sánchez necesidades de implementar algún cambio en el manejo y control de la barrera. “Lo importante es que funcione”, dice, y aclara que con los profesionales de la Regional Patagonia Norte del SENASA “trabajamos en equipo”. “Más allá de quién la administre, es que funcione. Y hoy lo estás viendo, que está funcionando un poco mejor”, remató.
En la lucha contra la carpocapsa, avanza el uso de los drones para efectuar las aplicaciones. Para este empresario, “a nivel experiencia de la compañía, nosotros en el setenta por ciento de la producción estamos haciendo una aplicación con drones, y es una cosa impresionante”.
Los datos recolectados sobre el trabajo realizado en unas 800 hectáreas —se hacen las aplicaciones con un cronograma muy preciso— y te olvidás del combustible, de los tractores, de organizar el personal o del mantenimiento de las curadoras.
En cuanto al costo, en comparación con la aplicación tradicional mediante las tradicionales curadoras, la conclusión es que “es más barato”, y el diferencial se estima en un 15%. “Veníamos haciendo pruebas y este año largamos con el uso de drones”, certifica.
En la logística de la fruta, el uso de puertos es clave por cómo impacta el costo del servicio en la rentabilidad. Sánchez acepta, al ser consultado por la caída en la actividad del puerto de San Antonio Este, que “ahí hay una cuestión de costos”, y el puerto del Este se mantiene en servicio casi en exclusiva por la actividad frutícola. “Hoy en día, todo el costo portuario se lleva entre ocho y diez centavos de dólar por kilo, lo que es muchísimo”.
En esa búsqueda de abaratar costos, el año pasado salió más fruta desde los puertos de Chile, “pero al final terminó siendo caro”, por problemas en la disponibilidad de contenedores y en la rotación.
Confirmó que, para este año, se logró la llegada de un barco por semana a San Antonio, y esperan más buques de Rusia, porque por las sanciones económicas a raíz de la guerra en Ucrania “las empresas de contenedores que tienen banderas occidentales, como Maersk, no van a Rusia por el bloqueo comercial”.
Obsesión
Luego de repasar todos los temas de la agenda frutícola, Sánchez vuelve al final de la charla sobre la cuestión impositiva y dice: “En definitiva, yo creo que —no solamente este sector, sino toda la Argentina— lo que más espera y necesita es una reforma impositiva. Pagamos impuestos por todo. Dejamos mucha plata en impuestos al débito, al crédito, al cheque, por tasas municipales, y a eso sumale los impuestos en la energía. Si te ponés a sumar toda esa guita, más las cargas sociales, es mucho”.
Reconoce que “tenemos una ley laboral antiquísima, no tengo duda. Que el mundo va para otro lado, no tengo duda. Son todas distorsiones, pero yo creo que lo más importante —para darle competitividad de vuelta a la Argentina— y para que este sea un proceso no solo de ajuste y de reacomodamiento de variables macro, sino también que impulse el crecimiento de muchas industrias, y no para pocas, tiene que haber una reforma impositiva”.
Fuente: masp.lmneuquen.com



