Mercados: La fruticultura busca su destino

Las frutas pierden 20 millones de dólares anuales en Europa al estar relegadas en la política comercial de la Argentina y por aranceles superiores a los negociados por la competencia chilena aseguran los autores.A nivel mundial el negocio de frutas como el de otros alimentos y bebidas alcohólicas tiende a la segmentación del consumo. En el marco de una reducción de escalas en la fabricación por transición tecnológica hacia sistemas flexibles de proceso a partir del auge de las computadoras se ha generado el renacimiento mundial de las PyMEs que desarrollan ventajas comerciales (segmentación) técnicas (flexibilidad) y sociales (alta generación de empleo)
En este contexto internacional son necesarias políticas eficientes para el desarrollo productivo y regional mediante una adecuada articulación entre el sector privado y público fomentando las micro pequeñas y medianas empresas.
Frente a magros resultados de las reformas macroeconómicas en los 90s (estabilización apertura reforma del estado etc.) y procesos parciales de modernización empresarial por subestimación del nuevo entorno mundial de negocios se desarrolló el concepto de la «competitividad sistémica» de Meyer. Es el resultado de la interacción compleja y dinámica entre la capacidad organizativa de una sociedad el Estado las instituciones intermedias y las empresas.
Concentrando el análisis sobre la fruticultura de nuestro país y dada la resistencia estatal al cuestionamiento de las retenciones nos proponemos reflexionar sobre la presión impositiva y la política de exportaciones en relación a los competidores chilenos.
La fruticultura tiene una desventaja competitiva en nuestro país que restringe su desarrollo en algunos períodos como el iniciado en el 2005 impactando negativamente en el empleo de las economías regionales del interior del país dado que los impuestos directos implican 0 14 dólar por kilo empacado de fruta (0 159 y 0 166 dólar por kilo; 2001 y 2003) cuando la rentabilidad sectorial es menor. En peras y manzanas la rentabilidad ha variado de 0 09 dólares por kilo empacado en el 2002 a una pérdida de 0 02 dólar por kilo haciéndose más crítico en manzanas que en peras. Comparar la rentabilidad sectorial con el posicionamiento de los impuestos dice todo lo necesario para confirmar la situación del sector en este tema.
Por otro lado la negociación internacional tiene por su parte una desventaja comparativa en relación a Chile en frutas vinos y otros alimentos de las economías regionales del interior incluso con un impacto negativo superior a las retenciones. Como ejemplo: Chile negoció con Europa un arancel decreciente para cerezas el cual será nulo en el 2007 mientras que nuestro país tiene un arancel del 8 5%. Las diferencias existen en Europa para limón uvas durazno y nectarina manzana pera vinos etc. Otro caso es México donde nuestras frutas (a excepción de peras) tienen un arancel promedio del 20% frente a la fruta chilena con arancel 0%.
Cada año el sector frutas frescas debe descontar 20 millones de dólares de sus ingresos de ventas en el mercado europeo por aranceles superiores a los negociados por la competencia chilena. La gravedad de esta política comercial es de alto impacto para el sector porque se prioriza mejorar la negociación de carnes y cereales a costa de un serio perjuicio para las economías regionales extra—pampeanas sin que por ello el Gobierno o los sectores priorizados compense dicha decisión política.
Incluso este problema de los aranceles de importación adquiere una relevancia mayor en cuanto al impacto para las economías regionales del interior al punto tal que Aduana sobreestima en la actualidad el precio referencial FOB de exportación para frutas (manzana y pera limones etc.) entre un 10 y 30% (según mercados de destino) debido en entre otros factores a que no se incluye los aranceles de importación en los cálculos de costos.
Si el sector frutícola tributara con la ecuación chilena en materia de impuestos internos manzanas y peras mejorarían su rentabilidad en 70 millones de dólares anuales mientras que las frutas de carozo lo harían en 30 millones de dólares (cereza durazno nectarina y ciruela) y algo similar ocurriría en cítricos y uvas.
A nivel de detalle en impuestos internos Chile no tiene retenciones a la exportación. Tampoco impuestos sobre el gasoil (Argentina 23%) y al crédito y débito bancario (Argentina 1 2% con efecto multiplicador mínimo a 2 4%). Chile permite realizar el ajuste por inflación en los estados contables; y el impuesto a las ganancias en las empresas es del 17% (Argentina 35% y además renta mínima presunta). Los aportes de los trabajadores es del 19 5% (Argentina 17%); y el costo laboral para el productor y las empresas PyMEs sobre salarios es del 3 3% (Argentina 27 2%) mientras que curiosamente Chile cobra 15% a las utilidades remitidas al exterior mientras que en Argentina no cobra este impuesto. Esta información comparativa circula en organismos internacionales incluso en el Banco Interamericano de Desarrollo como asimetrías fuertes en la integración de Chile al Mercosur.
Sin duda la fruticultura argentina atravesó una dramática crisis estructural durante los 90s que se minimizó durante un par de años luego de la abrupta salida de la convertibilidad la cual sin embargo eludió los principales desafíos estructurales por una coyuntural readecuación de costos. Y el resultado al 2005 es una situación de baja competitividad sistémica muy similar al 2001 en varios aspectos; si bien 2002 y el 2003 fueron años buenos desde el 2004 volvimos a una situación de deterioro estructural en la rentabilidad. Mientras que la mejora proyectada para el 2006 no abarca a todo el sector dada la reducción de cosecha. La suba transitoria del precio internacional —por menor volumen exportado— soporta una fuerte presión salarial en el último año con suba de salarios homologados desde el Ministerio de Trabajo.
La reflexión final es que sólo se avizoran dos alternativas en el posicionamiento del Estado hacia las economías regionales del interior: reducir los impuestos sectoriales (especialmente los de exportación) a niveles mínimos que caracterizan a nuestros competidores chilenos o bien eficientizar al extremo la capacidad institucional para la negociación y la formulación de políticas de desarrollo sectorial sustentables.

Mariano Winograd y Miguel Angel Giacinti Battistuzzi : son: Presidente de 5 al Día Argentina y Consultor Internacional experto frutícola del CFI e investigador de la FAUBA.

Fuente : Clarin

Mercados: La fruticultura busca su destino

Las frutas pierden 20 millones de dólares anuales en Europa al estar relegadas en la política comercial de la Argentina y por aranceles superiores a los negociados por la competencia chilena aseguran los autores.A nivel mundial el negocio de frutas como el de otros alimentos y bebidas alcohólicas tiende a la segmentación del consumo. En el marco de una reducción de escalas en la fabricación por transición tecnológica hacia sistemas flexibles de proceso a partir del auge de las computadoras se ha generado el renacimiento mundial de las PyMEs que desarrollan ventajas comerciales (segmentación) técnicas (flexibilidad) y sociales (alta generación de empleo)
En este contexto internacional son necesarias políticas eficientes para el desarrollo productivo y regional mediante una adecuada articulación entre el sector privado y público fomentando las micro pequeñas y medianas empresas.
Frente a magros resultados de las reformas macroeconómicas en los 90s (estabilización apertura reforma del estado etc.) y procesos parciales de modernización empresarial por subestimación del nuevo entorno mundial de negocios se desarrolló el concepto de la «competitividad sistémica» de Meyer. Es el resultado de la interacción compleja y dinámica entre la capacidad organizativa de una sociedad el Estado las instituciones intermedias y las empresas.
Concentrando el análisis sobre la fruticultura de nuestro país y dada la resistencia estatal al cuestionamiento de las retenciones nos proponemos reflexionar sobre la presión impositiva y la política de exportaciones en relación a los competidores chilenos.
La fruticultura tiene una desventaja competitiva en nuestro país que restringe su desarrollo en algunos períodos como el iniciado en el 2005 impactando negativamente en el empleo de las economías regionales del interior del país dado que los impuestos directos implican 0 14 dólar por kilo empacado de fruta (0 159 y 0 166 dólar por kilo; 2001 y 2003) cuando la rentabilidad sectorial es menor. En peras y manzanas la rentabilidad ha variado de 0 09 dólares por kilo empacado en el 2002 a una pérdida de 0 02 dólar por kilo haciéndose más crítico en manzanas que en peras. Comparar la rentabilidad sectorial con el posicionamiento de los impuestos dice todo lo necesario para confirmar la situación del sector en este tema.
Por otro lado la negociación internacional tiene por su parte una desventaja comparativa en relación a Chile en frutas vinos y otros alimentos de las economías regionales del interior incluso con un impacto negativo superior a las retenciones. Como ejemplo: Chile negoció con Europa un arancel decreciente para cerezas el cual será nulo en el 2007 mientras que nuestro país tiene un arancel del 8 5%. Las diferencias existen en Europa para limón uvas durazno y nectarina manzana pera vinos etc. Otro caso es México donde nuestras frutas (a excepción de peras) tienen un arancel promedio del 20% frente a la fruta chilena con arancel 0%.
Cada año el sector frutas frescas debe descontar 20 millones de dólares de sus ingresos de ventas en el mercado europeo por aranceles superiores a los negociados por la competencia chilena. La gravedad de esta política comercial es de alto impacto para el sector porque se prioriza mejorar la negociación de carnes y cereales a costa de un serio perjuicio para las economías regionales extra—pampeanas sin que por ello el Gobierno o los sectores priorizados compense dicha decisión política.
Incluso este problema de los aranceles de importación adquiere una relevancia mayor en cuanto al impacto para las economías regionales del interior al punto tal que Aduana sobreestima en la actualidad el precio referencial FOB de exportación para frutas (manzana y pera limones etc.) entre un 10 y 30% (según mercados de destino) debido en entre otros factores a que no se incluye los aranceles de importación en los cálculos de costos.
Si el sector frutícola tributara con la ecuación chilena en materia de impuestos internos manzanas y peras mejorarían su rentabilidad en 70 millones de dólares anuales mientras que las frutas de carozo lo harían en 30 millones de dólares (cereza durazno nectarina y ciruela) y algo similar ocurriría en cítricos y uvas.
A nivel de detalle en impuestos internos Chile no tiene retenciones a la exportación. Tampoco impuestos sobre el gasoil (Argentina 23%) y al crédito y débito bancario (Argentina 1 2% con efecto multiplicador mínimo a 2 4%). Chile permite realizar el ajuste por inflación en los estados contables; y el impuesto a las ganancias en las empresas es del 17% (Argentina 35% y además renta mínima presunta). Los aportes de los trabajadores es del 19 5% (Argentina 17%); y el costo laboral para el productor y las empresas PyMEs sobre salarios es del 3 3% (Argentina 27 2%) mientras que curiosamente Chile cobra 15% a las utilidades remitidas al exterior mientras que en Argentina no cobra este impuesto. Esta información comparativa circula en organismos internacionales incluso en el Banco Interamericano de Desarrollo como asimetrías fuertes en la integración de Chile al Mercosur.
Sin duda la fruticultura argentina atravesó una dramática crisis estructural durante los 90s que se minimizó durante un par de años luego de la abrupta salida de la convertibilidad la cual sin embargo eludió los principales desafíos estructurales por una coyuntural readecuación de costos. Y el resultado al 2005 es una situación de baja competitividad sistémica muy similar al 2001 en varios aspectos; si bien 2002 y el 2003 fueron años buenos desde el 2004 volvimos a una situación de deterioro estructural en la rentabilidad. Mientras que la mejora proyectada para el 2006 no abarca a todo el sector dada la reducción de cosecha. La suba transitoria del precio internacional —por menor volumen exportado— soporta una fuerte presión salarial en el último año con suba de salarios homologados desde el Ministerio de Trabajo.
La reflexión final es que sólo se avizoran dos alternativas en el posicionamiento del Estado hacia las economías regionales del interior: reducir los impuestos sectoriales (especialmente los de exportación) a niveles mínimos que caracterizan a nuestros competidores chilenos o bien eficientizar al extremo la capacidad institucional para la negociación y la formulación de políticas de desarrollo sectorial sustentables.

Mariano Winograd y Miguel Angel Giacinti Battistuzzi : son: Presidente de 5 al Día Argentina y Consultor Internacional experto frutícola del CFI e investigador de la FAUBA.

Fuente : Clarin

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