Exigencias voluntarias que dejan de serlo

Un análisis del diario La Nación sobre las normas de calidad que deben adoptar las empresas agroalimentarias para mantener el interés de los compradores de sus productos.
La globalización de los mercados el crecimiento de la demanda y las nuevas y crecientes necesidades de los consumidores cada vez más preocupados por la calidad e inocuidad de los alimentos y la sostenibilidad ambiental económica y social de la actividad agrícola dan como resultado un aumento de las exigencias normativas.

De esta forma las normas voluntarias de calidad exigidas por organizaciones privadas terminan siendo obligatorias en la práctica si el productor pretende acceder a los mercados comercialmente más atractivos. «Por lo general las normas son acuerdos netamente comerciales pero se transforman en condiciones indispensables para el acceso a mercados» explica Andrea Volonté gerente de Calidad y Capacitación de la Fundación ArgenINTA.

Algunos ejemplos son los códigos de Buenas Prácticas Agrícolas el Análisis de Peligros y Puntos de Control Críticos (Haccp) y las certificaciones de producción responsable dentro de una gama de normas que garantizan desde la calidad la inocuidad y las condiciones de trabajo hasta diversas preocupaciones de carácter ético ambiental y social.

«Estas normas son estipuladas fundamentalmente por el sector privado que actúa como un «regulador» cada vez más importante en el mercado» explica Leandro Brambilla jefe del Departamento de Calidad y Capacitación de ArgenINTA. Así los productos no sólo deben cumplir las reglamentaciones que exigen los gobiernos sino que también deben satisfacer requisitos privados que se están convirtiendo en los principales conductores de los sistemas agroalimentarios.

«Cuando una determinada norma alcanza una porción de mercado significativa ese conjunto de requisitos adquiere de facto obligatoriedad. En tal caso elegir si se acata o no una norma voluntaria equivale a elegir entre ingresar o quedar fuera del mercado» agrega Brambilla. Las cifras hablan por sí mismas: entre 2004 y 2009 el número de productores certificados con la norma GlobalGap para citar un ejemplo pasó de 18.000 a 94.500 un aumento de más del 500 por ciento.

Para garantizar que un producto cumple con los requisitos de una determinada norma existen sistemas voluntarios de control basados en la certificación: un procedimiento mediante el cual un tercero (la certificadora) otorga una garantía escrita de que un producto o proceso está en conformidad con ciertas normas.

«La certificación se puede ver como un medio de comunicación a lo largo de la cadena» dice Brambilla que desde ArgenINTA conforma un equipo de trabajo para capacitar a las empresas sobre los sistemas normativos y asistirlas técnicamente en el proceso de implementación de la norma.

El mercado de las normas

Entre las normas que se demandan hoy en día a nivel internacional se pueden mencionar:
GlobalGap. Se inició en 1997 como una iniciativa de comerciantes minoristas europeos. Se trata de normativas específicas que incluyen requisitos sobre inocuidad de los alimentos respetando la salud seguridad y bienestar de los trabajadores así como el ambiente. Es una norma que abarca todo el proceso de producción del producto hasta que es retirado de la explotación. Al ser herramienta para la relación entre empresas (business to business) puede no estar directamente visible para el consumidor.

Nature´s Choice (Tesco): Tesco es un gran minorista presente en el Reino Unido la República Checa Irlanda Hungría Polonia Eslovaquia y Turquía. Desde 1992 Tesco ha exigido a los proveedores de frutas hortalizas y ensaladas en el Reino Unido que cumplan con su esquema de Nature´s Choice que establece estándares de seguridad calidad y ambiente en la producción. En 2004 el esquema se fortaleció y extendió a los proveedores que envían estos productos al Reino Unido desde todos los países de origen. Se trata de un protocolo específico para este supermercado. Algunos de sus pilares son el uso racional de productos fitosanitarios y fertilizantes; la prevención de la contaminación; la protección de la salud humana; el uso eficaz de la energía el agua y otros recursos naturales; el reciclaje y la reutilización de materiales; y por último la conservación y mejora del paisaje la flora y la fauna.

A lo largo de la cadena

Safe Quality Foods (SQF): establecido en 1996 por la Western Australian Department of Agriculture tomó mayor importancia después de haber sido vendido en 2003 al Food Marketing Institute (FMI) una asociación de Estados Unidos. Se aplica a toda la cadena de abastecimiento desde el campo hasta la venta al consumidor y establece requisitos para las buenas prácticas agrícolas y de manufactura planes de seguridad y calidad alimentaria.

Además ofrece módulos voluntarios adicionales para proveedores cuyos mercados requieren aseguramiento en aspectos de inocuidad alimentaria como los relacionados con la salud y el bienestar de los trabajadores sistemas de manejo ambiental sistemas de producción orgánica y bioterrorismo.

Globalstandard (BRC): creado en 1998 por el Consorcio Británico de Minoristas (BRC según sus siglas en inglés) combina los principios fundamentales de las normas individuales de cada una de las cadenas distribuidoras de productos primarios y alimentos procesados en una sola norma común. Comenzó como un estándar para la industria alimentaria británica pero actualmente ha alcanzado reconocimiento mundial. Entre sus requisitos están la implementación de un sistema Haccp la gestión de calidad y el control de los factores ambientales en planta en producto proceso y personal.
ISO 22000 (sistemas de gestión de la inocuidad de los alimentos): especifica los requisitos de un sistema de gestión de la seguridad alimentaria que abarca a todas las organizaciones de la cadena alimentaria «del campo al consumidor» mediante las obligaciones de las Buenas Prácticas en Manufactura (BPM) Haccp y un sistema de gestión adecuado (ISO 9001).

FUENTE: LA NACION

Exigencias voluntarias que dejan de serlo

Un análisis del diario La Nación sobre las normas de calidad que deben adoptar las empresas agroalimentarias para mantener el interés de los compradores de sus productos.
La globalización de los mercados el crecimiento de la demanda y las nuevas y crecientes necesidades de los consumidores cada vez más preocupados por la calidad e inocuidad de los alimentos y la sostenibilidad ambiental económica y social de la actividad agrícola dan como resultado un aumento de las exigencias normativas.

De esta forma las normas voluntarias de calidad exigidas por organizaciones privadas terminan siendo obligatorias en la práctica si el productor pretende acceder a los mercados comercialmente más atractivos. «Por lo general las normas son acuerdos netamente comerciales pero se transforman en condiciones indispensables para el acceso a mercados» explica Andrea Volonté gerente de Calidad y Capacitación de la Fundación ArgenINTA.

Algunos ejemplos son los códigos de Buenas Prácticas Agrícolas el Análisis de Peligros y Puntos de Control Críticos (Haccp) y las certificaciones de producción responsable dentro de una gama de normas que garantizan desde la calidad la inocuidad y las condiciones de trabajo hasta diversas preocupaciones de carácter ético ambiental y social.

«Estas normas son estipuladas fundamentalmente por el sector privado que actúa como un «regulador» cada vez más importante en el mercado» explica Leandro Brambilla jefe del Departamento de Calidad y Capacitación de ArgenINTA. Así los productos no sólo deben cumplir las reglamentaciones que exigen los gobiernos sino que también deben satisfacer requisitos privados que se están convirtiendo en los principales conductores de los sistemas agroalimentarios.

«Cuando una determinada norma alcanza una porción de mercado significativa ese conjunto de requisitos adquiere de facto obligatoriedad. En tal caso elegir si se acata o no una norma voluntaria equivale a elegir entre ingresar o quedar fuera del mercado» agrega Brambilla. Las cifras hablan por sí mismas: entre 2004 y 2009 el número de productores certificados con la norma GlobalGap para citar un ejemplo pasó de 18.000 a 94.500 un aumento de más del 500 por ciento.

Para garantizar que un producto cumple con los requisitos de una determinada norma existen sistemas voluntarios de control basados en la certificación: un procedimiento mediante el cual un tercero (la certificadora) otorga una garantía escrita de que un producto o proceso está en conformidad con ciertas normas.

«La certificación se puede ver como un medio de comunicación a lo largo de la cadena» dice Brambilla que desde ArgenINTA conforma un equipo de trabajo para capacitar a las empresas sobre los sistemas normativos y asistirlas técnicamente en el proceso de implementación de la norma.

El mercado de las normas

Entre las normas que se demandan hoy en día a nivel internacional se pueden mencionar:
GlobalGap. Se inició en 1997 como una iniciativa de comerciantes minoristas europeos. Se trata de normativas específicas que incluyen requisitos sobre inocuidad de los alimentos respetando la salud seguridad y bienestar de los trabajadores así como el ambiente. Es una norma que abarca todo el proceso de producción del producto hasta que es retirado de la explotación. Al ser herramienta para la relación entre empresas (business to business) puede no estar directamente visible para el consumidor.

Nature´s Choice (Tesco): Tesco es un gran minorista presente en el Reino Unido la República Checa Irlanda Hungría Polonia Eslovaquia y Turquía. Desde 1992 Tesco ha exigido a los proveedores de frutas hortalizas y ensaladas en el Reino Unido que cumplan con su esquema de Nature´s Choice que establece estándares de seguridad calidad y ambiente en la producción. En 2004 el esquema se fortaleció y extendió a los proveedores que envían estos productos al Reino Unido desde todos los países de origen. Se trata de un protocolo específico para este supermercado. Algunos de sus pilares son el uso racional de productos fitosanitarios y fertilizantes; la prevención de la contaminación; la protección de la salud humana; el uso eficaz de la energía el agua y otros recursos naturales; el reciclaje y la reutilización de materiales; y por último la conservación y mejora del paisaje la flora y la fauna.

A lo largo de la cadena

Safe Quality Foods (SQF): establecido en 1996 por la Western Australian Department of Agriculture tomó mayor importancia después de haber sido vendido en 2003 al Food Marketing Institute (FMI) una asociación de Estados Unidos. Se aplica a toda la cadena de abastecimiento desde el campo hasta la venta al consumidor y establece requisitos para las buenas prácticas agrícolas y de manufactura planes de seguridad y calidad alimentaria.

Además ofrece módulos voluntarios adicionales para proveedores cuyos mercados requieren aseguramiento en aspectos de inocuidad alimentaria como los relacionados con la salud y el bienestar de los trabajadores sistemas de manejo ambiental sistemas de producción orgánica y bioterrorismo.

Globalstandard (BRC): creado en 1998 por el Consorcio Británico de Minoristas (BRC según sus siglas en inglés) combina los principios fundamentales de las normas individuales de cada una de las cadenas distribuidoras de productos primarios y alimentos procesados en una sola norma común. Comenzó como un estándar para la industria alimentaria británica pero actualmente ha alcanzado reconocimiento mundial. Entre sus requisitos están la implementación de un sistema Haccp la gestión de calidad y el control de los factores ambientales en planta en producto proceso y personal.
ISO 22000 (sistemas de gestión de la inocuidad de los alimentos): especifica los requisitos de un sistema de gestión de la seguridad alimentaria que abarca a todas las organizaciones de la cadena alimentaria «del campo al consumidor» mediante las obligaciones de las Buenas Prácticas en Manufactura (BPM) Haccp y un sistema de gestión adecuado (ISO 9001).

FUENTE: LA NACION

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