Al inicio de la campaña 2025/2026, los exportadores egipcios de naranja mostraban un optimismo cauteloso y esperaban recuperar la estabilidad tras varias temporadas convulsas. El sector anticipaba un año «normal», con fruta de mejores calibres, una demanda más tranquila en el mercado nacional por parte de la industria transformadora y una situación logística algo más manejable tras las disrupciones que se habían producido anteriormente en el mar Rojo. Los exportadores se preparaban para una campaña extensa y equilibrada, de diciembre a junio, con estrategias centradas en el valor, la diversificación de mercados y una política de precios controlada.
Sin embargo, apenas unos días antes del arranque de la campaña, esa sensación de tranquilidad fue dejando paso a una realidad mucho más compleja, pues muchas de las amenazas que se creían controladas resurgieron de maneras inesperadas. Según Amgad Nessem, director de exportación de El Teriak Farms, la diferencia entre las expectativas y la realidad se hizo patente desde el principio.
«Comenzamos la campaña esperando una producción abundante y de alta calidad, pero las cosas no salieron como estaba previsto», declara Nessem. «Se produjo un desequilibrio claro entre la oferta y la demanda. Los volúmenes de producción eran sólidos, pero nos topamos con obstáculos geopolíticos y logísticos en los canales de comercialización. Esto provocó períodos en los que la fruta se acumuló y los precios cayeron por debajo de lo que esperábamos al inicio».
Desde el principio, los exportadores tuvieron que operar en un contexto tenso e incierto. Nessem describe la fase inicial de la temporada como inusualmente lenta. «Noviembre y diciembre fueron meses con poca actividad comercial», señala. «El retraso en la coloración de las naranjas Navel provocó un retraso de 15 días en el inicio de la campaña y un ingreso más lento en el mercado europeo. Lo cierto es que perdimos la ventaja que supone acceder al mercado en una fase temprana». Los exportadores egipcios suelen poder acceder antes al mercado en Europa, asegurándose así buenos precios antes de que se intensifique la competencia.
Al llegar enero, surgió otro problema. «China volvió a disponer de una gran producción tras varias temporadas más flojas», explica Nessem. «Esto redujo la cuota de Egipto en los mercados del este asiático, donde nos habíamos convertido en un proveedor clave en los últimos años. De repente, nos encontramos con una competencia renovada en mercados que hasta entonces nos habían sido más favorables».
Las dificultades de la campaña Navel se extendieron también a otros mercados, como Europa y Rusia. «Debido al retraso de dos semanas, se redujo la ventana de exportación de las naranjas Navel a unos 25 días. Al mismo tiempo, Europa tuvo un invierno con mucho frío y nevadas, lo que redujo considerablemente el consumo. La demanda cayó a niveles inusualmente bajos y el mercado optó por prescindir de las naranjas Navel egipcias esta campaña», explica Nessem.
«Además, las naranjas Valencia, que son en general las preferidas de los compradores europeos, llegaron antes de lo habitual. La combinación de todos estos factores hizo que la campaña de la Navel no lograra recuperarse tras su lento arranque», añade el exportador.
Las consecuencias comerciales fueron significativas para Egipto. «Muchos productores retrasaron sus cosechas, a la espera de mejores precios, mientras que los exportadores ya habían comprado la fruta a niveles relativamente altos», explica Nessem. «Al final, esto generó una situación en la que grandes volúmenes se quedaron sin vender y aumentó la presión financiera en toda la cadena de suministro».
No obstante, el factor más determinante, y que afectó a las naranjas Valencia, llegó en febrero con el agravamiento de la crisis en las rutas marítimas del mar Rojo. «Ese fue el momento decisivo de la campaña», subraya Nessem. «La interrupción de la navegación por Bab el-Mandeb obligó a desviar los envíos con destino a Asia y el Golfo por el cabo de Buena Esperanza».
Las consecuencias fueron inmediatas y graves, con reminiscencias del peor momento de la primera crisis del mar Rojo en 2023-2024. «Los tiempos de tránsito pasaron de unos 15 días a más de 40», explica. «Los costes de transporte se dispararon y, para algunos lotes más sensibles, el riesgo de deterioro de la mercancía se convirtió en una amenaza real».
Esta disrupción logística provocó una reacción en cadena en los mercados globales. «Grandes volúmenes de naranjas que originalmente iban destinados a Asia tuvieron que redirigirse a Europa», señala Nessem. «Esto provocó una congestión masiva en los puertos europeos y un fuerte incremento de la oferta. Al mismo tiempo, las condiciones meteorológicas adversas hicieron que muchos envíos llegaran de forma simultánea, lo que disparó la oferta muy por encima de la demanda y provocó una rápida caída de los precios».
Nessem destaca cómo esta situación de exceso de oferta erosionó la rentabilidad de todo el sector. «El mercado europeo quedó saturado. Había demanda, pero no la suficiente para absorber el repentino aumento de volúmenes. Los precios cayeron rápidamente y los exportadores tuvieron muy poco margen de maniobra».
A estas presiones se sumó el contexto macroeconómico general. «La inflación global desempeñó un papel determinante esta campaña», apunta Nessem. «Los consumidores perdieron poder adquisitivo y los precios se convirtieron en un factor más decisivo. Esto ejerció una presión adicional sobre los márgenes de los exportadores, ya que el foco se desplazó claramente hacia propuestas más económicas».
A pesar de todas estas dificultades, la temporada también ha tenido aspectos positivos. Nessem ofrece una valoración matizada para las distintas variedades de naranja. «La campaña de naranja Navel puede calificarse como normal», afirma. «Hubo algunos problemas de coloración al inicio y presiones logísticas en la recta final, pero en conjunto logró cerrarse con pérdidas mínimas en comparación con lo que podría haber ocurrido».
La naranja Valencia, en cambio, atraviesa una situación más complicada. «La campaña de la Valencia egipcia se encuentra ahora mismo en el ojo del huracán», explica Nessem. «Es la principal variedad destinada a exportación a Asia, y su vulnerabilidad ante la crisis del mar Rojo es, en estos momentos, muy evidente».
Los exportadores están buscando alternativas para mitigar el impacto. «Estamos intentando, por todos los medios posibles, abrir nuevos mercados en África y en mercados de reciente desarrollo, como Brasil, para absorber el excedente», continúa.
De cara al cierre de la campaña, Nessem prevé unos resultados dispares. «En cuanto a volúmenes de exportación, es posible que acabemos con cifras similares a las del año pasado», señala. «Pero no cabe duda de que los beneficios netos de exportadores y productores serán menores debido a los elevados costes logísticos y a las presiones a las que han estado sometidas los precios».
Se mantiene un equilibrio frágil en el sector citrícola egipcio y cada temporada trae una nueva combinación de factores de riesgo que dificultan hacer cualquier tipo de previsión, desde problemas agronómicos como el calibre de la fruta o variaciones de calidad provocadas por el clima, hasta perturbaciones externas, como tensiones geopolíticas, disrupciones logísticas, la creciente demanda de la industria transformadora o episodios puntuales de sobreproducción. El sector sigue estando muy expuesto tanto a variables locales como globales. Este patrón recurrente plantea una pregunta de fondo para los actores del sector: en este contexto, ¿es posible tener una campaña «normal» y sin sobresaltos? ¿O la volatilidad se ha convertido en una característica inherente al modelo exportador citrícola de Egipto? Dicho de otra forma, ¿no es precisamente esa capacidad de evitar y absorber todo tipo de impactos año tras año lo que ha permitido a Egipto ganar y mantener su posición como actor clave en el mercado mundial de la naranja?
Fuente: freshplaza.es



