La Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-Asaja) estimó en 134 millones las pérdidas que acumulan los citricultores esta campaña. El balance que presenta el primer tramo de la actual campaña citrícola no puede ser más desolador.
La Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-Asaja) cifró ayer en 134 millones de euros las pérdidas que acumulan los productores valencianos de agrios: 72 millones en clementinas 42 en naranjas navelinas y otros 20 millones como consecuencia de los desperfectos causados por las lluvias. «Cualquier empresa que venda por debajo de costes está condenada a desaparecer» sentenció el presidente de AVA-Asaja Cristóbal Aguado para describir el negro panorama que se cierne sobre el negocio naranjero. Si hasta ahora los agricultores eran los grandes damnificados por la crisis «las pérdidas comienzan a notarlas también algunos comercios y cooperativas y eso abre una nueva página» advirtió Aguado.
A juicio del dirigente agrario «los abusos de la gran distribución a la hora de imponer precios» constituyen el principal motivo de la falta de rentabilidad que sufre la citricultura. Aguado acusó a estas empresas de «estar matando al sector citrícola con la complicidad de los burócratas de Bruselas y mientras las administraciones no están a la altura de las circunstancias».
Pero los ataques que lanzó ayer el presidente de AVA-Asaja no apuntaron únicamente hacia los factores externos como únicos culpables de los problemas citrícolas la actitud del propio sector y más concretamente de algunos dirigentes del mismo también fue puesta en entredicho de forma contundente a raíz de la reciente desconvocatoria de la anunciada huelga citrícola. «Si se desconvocó el paro -confesó ayer Aguado- no fue realmente por el anuncio de negociaciones con la Conselleria porque estamos todo el año negociando sino porque no se puede hacer otra cosa cuando las personas que tienen que implicarse no se implican».
El papel de las cooperativas
Aun sin mencionarlos directamente por su nombre los dardos enviados por Aguado apuntaron de forma inequívoca a las cooperativas y a las organizaciones de Asaja en Alicante y Castelló las cuales se desmarcaron desde el primer momento de la convocatoria. Aguado aportó un poco más de luz sobre los entresijos del fracaso de la protesta. «Los comercios que estaban vendiendo a pérdidas no se implicaron y los comercios de los agricultores (es decir las cooperativas) tampoco». Las firmas privadas siempre se opusieron al paro pero el apoyo inicial de las cooperativas se fue diluyendo poco a poco.
«Las organizaciones agrarias no podemos ordenar un paro» dijo Aguado y lamentó que «el sentido de la responsabilidad de algunos dirigentes sólo les sirva para hablar en el bar o en casa pero espero que algún día se impliquen y entiendan lo que es una organización agraria».


