Bautista Berriso, de El Paruco (Argentina): El mercado brasileño, la salida natural de la mandarina argentina tras el golpe de las heladas

«Tras las severas heladas que golpearon la citricultura argentina en 2025 —con pérdidas de entre 40 y 50% en variedades como Murcott—, la campaña 2026 arranca con señales claramente positivas», comenta Bautista Berisso, socio gerente de El Paruco, empresa productora y exportadora de Entre Ríos, Argentina.

«En términos de volumen, hay una buena recuperación. Se ven mejores calibres que el año pasado, principalmente en Murcott y W. Murcott», señala Berisso. La empresa ya finalizó la cosecha de Clemenules y avanza con Nova, variedad donde se registra algo de Alternaria (presencia fúngica) en lotes puntuales, aunque sin comprometer el panorama general. El consenso del sector apunta a una buena campaña en volumen y calidad.

El mercado brasileño, habilitado tras la flexibilización del protocolo fitosanitario, se posiciona como destino estratégico por razones logísticas evidentes: «La ventaja es que no tenés tránsitos largos como para hacer futurología de cómo va a estar el mercado de acá a 25, 30, 40 días», explica Berisso. La cercanía permite al importador brasileño reaccionar en una semana, una ventaja competitiva real frente a orígenes más lejanos.

Canadá mantiene su perfil de mercado ordenado y confiable —»trabajando con programas y calidad de fruta, siempre se comporta bien»—, mientras que Filipinas muestra este año una mayor demanda a temporadas anteriores, especialmente para calibres pequeños. Rusia, en cambio, quedó fuera de la ecuación: la inestabilidad del mercado llevó a El Paruco a discontinuar envíos hacia ese destino.

El principal factor de tensión del ciclo actual no es la demanda, sino la estructura de costos. Con un tipo de cambio estable y ajustes salariales que acumulan incrementos mensuales, los gastos en dólares —combustible, agroquímicos, fertilizantes, mano de obra— escalan sin contrapeso cambiario. «Hoy cualquier error se paga caro. No te perdona nada; cualquier error es una pérdida directamente significativa, creo que los mayores volúmenes por hectáreas nos van a ayudar a bajar los costos en USD que fueron escalando estos años. Apuntamos a eso aunque este año nos acompañaron dificultades con el clima, lluvia, etc.», advierte Berisso.

Frente a Uruguay y Chile, la semejanza competitiva es estrecha; respecto a Sudáfrica, el ejecutivo reconoce no tener datos comparativos. «La estrategia para compensar es mejorar el rendimiento por hectárea y diluir costos fijos con mayor volumen», resalta.

La posible apertura del mercado estadounidense genera expectativas, aunque Berisso matiza su alcance real: «No considero que el cítrico argentino inunde el mercado americano, pero sí considero que es una excelente noticia para la citricultura argentina y la economía regional. Sobre eso vendrán mejores inversiones en infraestructura, mercado más estables y más empleo local. Desde CECNEA, la cámara de exportadores se está trabajando en la apertura con trabajo conjunto público privada, todo el sector tiene buenas expectativas».

La citricultura argentina de Entre Ríos y Corrientes opera con una ventaja estructural: la coexistencia del mercado doméstico —»la vaca lechera que siempre está»— y los destinos de exportación otorga flexibilidad ante ciclos adversos. El reto 2026 es convertir la recuperación productiva en rentabilidad real, en un contexto donde los precios internacionales se mantienen similares a años anteriores pero los costos locales en dólares no dejan margen para errores.

 

Fuente: freshplaza.es

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