El inicio de la campaña citrícola en Valencia cerró con un balance bastante negativo. Luego de las amenazas de huelgas la segunda parte de la campaña entra en una fase de colapso comercial. Las cotizaciones son pésimas tanto en el campo como en el mercado exterior.
El balance del primer tramo de la temporada citrícola con la clementina como protagonista fue tan desolador para el bolsillo de los citricultores que las organizaciones agrarias amagaron incluso con la celebración de un paro general. Desde entonces las cosas no han mejorado demasiado y actualmente las perspectivas abiertas para la segunda parte de la campaña con la naranja asumiendo el protagonismo son muy sombrías. Tras el breve paréntesis de cierta estabilidad comercial que proporcionaron las variedades de mandarina más tardías la naranja ha entrado en escena con muy mal pie. Las arroba de navel se ha pagado por término medio a poco más de 1 euro -un precio ruinoso- y las cotizaciones que se negocian en el campo para lane lates navelates o valencias late son inferiores a las del año pasado entre un 15% y un 27% tal como se detalla en el cuadro adjunto.
Sin embargo al margen de los malos precios quizá lo más inquietante de todo es la situación de atonía próxima a la parálisis en la que se encuentran sumidos los mercados. La voluminosa cosecha de naranja de este ejercicio presenta calibres muy reducidos los cuales se están topando a sus vez con dificultades para encontrar acomodo en la industria muy pesada este año por la menor demanda de zumos transformados y por la supresión de las ayudas comunitarias que hasta la fecha permitían a los productores obtener un precio mínimamente competitivo por remitir parte de su cosecha a las fábricas. Las naranjas de pequeño tamaño que no se están industrializando presionan sobre la oferta en fresco y envilecen el mercado. A toda esta coyuntura local nada favorable hay que sumarle la competencia creciente que ejercen en Europa las naranjas procedentes de países como Egipto Turquía Marruecos o Italia con sus sanguinas para zumos.
Los compradores europeos de la firmas de la gran distribución saben perfectamente lo que está sucediendo tienen mercancía de sobra donde elegir y en consecuencia negocian sus ofertas a la baja. «La cruda realidad es que estamos parados -confesaba ayer a este diario un veterano exportador de naranjas- y nos resulta imposible subir los precios en el exterior». La segunda parte de la campaña ha entrado en una fase que empieza a bordear el colapso comercial y que puede complicarse aún más en las próximas semanas.


