Limón argentino: el Messi de la fruticultura nacional

La citricultura argentina es una de las actividades económicas y productivas más importantes de nuestro país. Más de 132.000 hectáreas son destinadas a estos cultivos, de las cuales se obtienen anualmente unas tres millones de toneladas entre naranjas, pomelos, mandarinas y limones. Pero este último cultivo representa el 51% del volumen total y cuenta con, aproximadamente, 1.300.000 hectáreas cubiertas en la actualidad.

La producción de limones argentinos se ubica principalmente en la región del NOA, siendo Tucumán la provincia que más hectáreas presenta (50.000) y que cuenta con una participación del 75%. A esta provincia le siguen Salta que tiene una participación aproximada del 12%, Corrientes con un 5% y Jujuy con un 3% de participación. Además, pueden encontrarse plantaciones limoneras de menor tamaño en Buenos Aires, Catamarca o Entre Ríos.

La actividad limonera, además de aportar grandes beneficios económicos, es una gran fuente de trabajo. Se estima que un total de 44.000 personas se benefician directamente de esta producción, ya sea por realizar actividades dentro de las industrias, viveros o empaques. Por otro lado, se estima que unos 26.000 empleados temporarios se dedican a las cosechas o a las tareas culturales durante la temporada, entre los meses de marzo/abril hasta septiembre/octubre.

 

Los limones tienen tres destinos: industria, exportación y mercado interno. El 75% de los limones que se cultivan y cosechan en Argentina se dirigen a la industria para comercializarse luego como jugo o para la elaboración de aceites esenciales. En otro proceso, la cáscara de la fruta se deshidrata y es comercializada para la elaboración de pectina (aglutinante de uso alimenticio).

Este rubro fue el que históricamente apalancó el desarrollo de los clusters limoneros argentinos. Los productos derivados del limón se procesan en industrias nacionales y luego se se exportan. Pero también algunas empresas productoras establecen acuerdos con firmas elaboradoras dentro del país para proveerles la materia prima que  utilizan para fabricar por ejemplo, gaseosas.

 

Otro de los destinos de los limones nacionales son las exportaciones en fresco, actividad que concentra el 17% de lo que se produce en el país. Es un rubro sumamente importante para la economía nacional y hace una buena cantidad de años que se encuentra en constante crecimiento. Según estadísticas oficiales, entre el año 2008-2018 se exportaron en promedio un total de 259.346 toneladas de limones frescos y se registró un crecimiento del 27% si se lo compara con periodos anteriores.

La empresa San Miguel S.A es una de las firmas tucumanas que se dedica a la exportación de la fruta y se caracteriza por tener un gran posicionamiento a nivel internacional. En sus instalaciones se lleva a cabo toda la cadena productiva de la fruta, desde la producción hasta la comercialización, pasando por la industria y el empaque.

Según dijo a InterNos el responsable de Relaciones Institucionales de la empresa, Lucas Méndez Trongé, durante el 2020 se exportaron a nivel país aproximadamente 240.000 toneladas de limón en fresco y para este año se espera una caída aproximadamente del 10% (220.000 toneladas). Los principales destinos de la fruta son Europa -absorbe aproximadamente el 70%-, Estados Unidos, Rusia y China.

“A diferencia de lo que se cree, la fruta fresca es el producto que más valor por tonelada tiene.  Para la industria necesitas muchas toneladas de limón para elaborar un solo producto, en cambio el comercio en fresco tiene un buen valor sobre una sola tonelada. La ganancia es directa. Pero para exportar hacemos un trabajo logístico sumamente importante y minucioso porque tenemos que garantizarles a nuestros clientes que después de recorrer muchos kilómetros la fruta llegue en condiciones al país de destino. El mayor riesgo en este proceso es que si la fruta llega golpeada o manchada, los países pueden bajarle el valor e incluso devolverla”, explicó Trongé.

Es importante mencionar que durante el 2020 el mercado europeo, motorizado por las autoridades fitosanitarias españolas, decidió cerrar las importaciones de limones argentinos por detectar entre los cargamentos presencia de la enfermedad Mancha Negra: las autoridades extranjeras argumentaron que la situación implicaba un riesgo para su propio estatus fitosanitario, libre de esta enfermedad. Esta situación trajo para los citrícolas nacionales varias complicaciones, pero fundamentalmente la caída de un mercado tan importante como el europeo y la necesidad de redireccionar toda esa fruta a nuevos destinos como Estados Unidos y China.

Después de varios meses de negociaciones y de un trabajo exhaustivo por parte de Senasa Argentina, en abril de 2021 la Unión Europea reabrió sus mercados con la condición de que los productores y exportadores argentinos pusieran en marcha un control minucioso sobre sus cultivos para que no se repitiera la presencia de Mancha Negra. A pesar de que fue una buena noticia para el sector, las nuevas disposiciones fitosanitarias generaron algunas dudas en los productores.

“Una de las nuevas reglamentaciones establece que si se detecta en cualquier instancia la presencia de mancha negra en alguna unidad productiva argentina puede afectar a la totalidad de las unidades de un campo. Además, incide en la posibilidad de que esa unidad pueda exportar el próximo año y lo más grave, puede condicionar la posibilidad de entrar a Europa a todos los cargamentos de frutas que estén en viaje. Todo esto genera una situación crítica para el sector, porque puede dañar considerablemente a los exportadores”, explicó en su momento a InterNos José Carbonell, presidente de Federcitrus.

Además, Carbonell aseguró que esta situación ubica en una clara desventaja a la Argentina dentro del mercado internacional, y se suma a otros problemas que ya viene atravesando el sector frutícola en general: condicionamientos climáticos, pérdida en los volúmenes productivos, costos logísticos, falta de financiamiento, presión impositiva y demoras en los reintegros por las exportaciones.

Al ser consultado por el tema, Lucas Trongé dijo: «La mancha negra fue un caballito de batalla de los españoles para proteger su producción de cítricos que a veces se solapa con la que mandamos desde Argentina, porque el hongo no es más que un tema cosmético en el limón. No tiene ningún tipo de impacto o efecto secundario, mucho menos de que se contagien otras plantaciones o frutas. Como consecuencia, tuvimos que profundizar los controles y además se restringió el volumen de fruta exportable”, afirmó el responsable de San miguel.

Asimismo agregó que, si bien las cantidades exportadas hoy son menores a otros años, el sector sigue posicionado internacionalmente y con buenas perspectivas a futuro. “Argentina tiene un gran nivel, aunque tengamos que competir directamente con Sudáfrica que tienen, por ejemplo, menores costos productivos en comparación a nosotros. Ellos por año exportan más, pero producen muchísimas menos toneladas y encima no tienen industrias. Seguimos siendo grandes competidores a nivel internacional”, aseguró.

Como se detalló al principio, los mercados fuertes de los limones son la industria y el comercio internacional. En el mercado interno solo queda el 8% de la fruta que se produce a nivel nacional y se destina a los mayoristas para su consumo en fresco. Actualmente y según estimaciones de la Federación Nacional del Citrus (Federcitrus), los argentinos consumimos 3 kilos por habitante por año de limón. Una cifra positiva si se tiene en cuenta que el limón es una fruta que se consume generalmente acompañando a otras comidas o en bebidas y no en ingesta directa, como es el caso de naranjas, pomelos y mandarinas.

Según las estadísticas del gobierno de Tucumán, durante el 2020 el Mercado Central de Buenos Aires registró el ingreso de aproximadamente 45.700 toneladas de limones, cifra que marcó el mayor volumen del periodo 2000-2020. De ese total, 25.600 fueron producidas en Tucumán (56%) y el resto lo aportaron otras regiones.

Si bien es cierto que los ingresos de limones a los concentradores se dan durante todo el año, su carácter estacional hace que durante los meses de junio/julio a noviembre/diciembre se registren los mayores volúmenes. El invierno es la época de exportación por excelencia, entonces el excedente va a parar a los mayoristas. Como consecuencia, la oferta es mayor y los precios bajan.

Tradicionalmente, esta fruta se comercializa en cajones o cajas de 16 a 18 kilos. Actualmente, el precio del limón tucumano en el Mercado Central de Buenos Aires se encuentran entre los 22 y los 25 pesos el kilo. Mientras que en el Mercado de Abasto de Córdoba la misma fruta cuesta entre 27 y 30 pesos el kilo. “A partir de septiembre /octubre, cuando empiece a haber menos limones, los precios van a mejorar”, dijo a este medio Marcelo Sibilia, representante de la empresa Wiñay del Abasto de Córdoba.

En los últimos años el sector limonero argentino supo atravesar los contratiempos comerciales y coyunturales. Al mismo tiempo, logró consolidarse en el mundo y crecer de forma sostenida. La apertura de las exportaciones a México en 2017, el regreso a Estados Unidos en 2018, la posibilidad de comercializar al mercado Indio en 2019 o a China en 2020 son ejemplos de que los mercados internacionales miran con buenos ojos la producción nacional. Brindan un marco de confianza a un sector que mejora constantemente sus procesos productivos para optimizar la calidad de las frutas y que trabaja sobre la promoción de los limones nacionales en todos los rincones del globo. ¿Los resultados? excelentes perspectivas de cara al futuro.

 

Fuente: revistainternos.com.ar

2021-08-02T19:09:46-03:00