“El limón está de moda y vive una época dorada. Hay que evitar otra posible burbuja” – José Antonio García Fernández, director de Ailimpo

“Somos una pequeña joya de la corona”, resume con orgullo José Antonio García, que lleva veinte años, desde su fundación, como director de la Asociación Interprofesional de Limón y Pomelo (Ailimpo). Es el ‘lobby’ nacional de referencia y el único interlocutor con las autonomías, el Gobierno central y la UE. La Región de Murcia es el centro neurálgico de un sector que crecerá un 14% en la próxima campaña, a punto de iniciarse, con una producción estimada de 1,3 millones de toneladas de fino y verna. El limón vive una época dorada, con rentabilidades de hasta el 300%, aunque está preparado para evitar otra burbuja como la del año 2004. García recuerda que el limón es un condimento que está de moda, con un amplio abanico de crecimiento en cosmética y perfumería.

-El sector del limón no se hace notar mucho, está en otro plano, con su propio ‘rollo’, si me lo permite.

-Somos independientes. Estamos a nuestro rollo, por así decirlo. No somos un sector mediático. Los empresarios del limón y pomelo posiblemente tienen un perfil diferente a los de frutas y hortalizas. Más discretos y de no aparecer en el escenario. No nos gusta la salsa rosa. Soy consciente de que a veces hay que estar más en los medios, y procuramos hacerlo. Contamos con 14 industrias de transformación en España y un centenar de operadores comerciales, productores, cooperativas y exportadores. Y además tenemos a los agricultores, que es la parte más complicada de aglutinar.

-¿Vive el limón una época dorada, la mejor de su historia?

-Sí, vivimos una época dorada, aunque tenemos una memoria floja. Recuerdo que la última crisis importante se produjo entre 2004 y 2006, con dos campañas desastrosas. Un 30% se quedó sin recolectar, con precios casi a cero. El sector aprendió mucho de aquella mala experiencia. Ahora tenemos a favor que el consumo está muy activo y ha crecido un 30% en Europa en los últimos años.

-Tuvieron su burbuja de producción. ¿Qué se hizo mal?

-Hubo una burbuja que explotó y que no fuimos capaces de prever. No pudimos dar salida a un pico de producción. Ahora quizás estamos ante una posible burbuja que hay que evitar. Tenemos la gran ventaja de que llevamos varios años planificando para actuar ante este tipo de escenarios. El sector ha estado vivo, y ha tenido un relevo generacional increíble, con dueños y directores generales de una edad media de 42 años. Se ha incorporación gente formada y con una mente mucho más abierta. Es uno de nuestros grandes activos.

-Para la nueva campaña prevén un incremento del 14%, más todavía.

-Llevamos seis años con rentabilidades muy importantes. Creo que el sector del limón se estudiará como un caso de éxito en las escuelas de negocios en los próximos años. Nos llaman de muchos sectores para que expliquemos este aparente milagro. Aquí no hay milagros, sino esfuerzo y planificación. Esto genera un efecto llamada y nuevas plantaciones. Muchas se iniciaron hace 3 o 4 años y ahora empiezan a dar los primeros frutos. El gran reto es dar salida a grandes producciones. Vamos a ver si lo conseguimos.

-¿Cuando habla de rentabilidad, quiere decir que quien pone una finca de cítricos se hace rico?

-No sé si se hace rico, pero lo cierto es que se han producido rentabilidades de un 200 y 300 por cien en los últimos seis años. Posiblemente estamos hablando del proyecto agrario más rentable en esta etapa, con diferencia frente a otros productos de frutas y hortalizas.

-Habrá tortas por comprar plantaciones de cítricos…

-Por un lado está la gente ajena al sector que decide invertir y que busca oportunidades para su dinero. Tenemos también a los exportadores que invierten en fincas propias para asegurarse su producción. No solo como herramienta estratégica, sino para garantizar la calidad y certificación que exigen los clientes y para controlar toda la cadena. Siempre digo que rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras.

-¿Tienen como reto administrar su éxito? ¿Evitar morir de éxito?

-Sin olvidar la incógnita del agua, lo importante es que tenemos la previsión de que el problema viene. Y no nos va a pillar como el año 2004. Efectivamente, no queremos morir de éxito, sino hacer un aterrizaje suave y razonable. No queremos pasar del cielo al infierno, sin ningún tipo de transición, como ocurre habitualmente en la agricultura. Gracias a Ailimpo tenemos integrado al sector industrial y al de fresco. La industria juega un papel regulador muy importante, capaz de quitar presión en el campo y en el mercado. Nuestra gran ventaja en España es que producimos limón casi once meses al año. Y nuestro objetivo es dar un servicio al cliente durante todo el año. En el mes y medio que no tenemos producción, en agosto, importamos de Sudáfrica o Argentina.

¿Limón sin semillas?

-¿Cuál es la clave de esta creciente demanda?

-El limón está de moda. Es un producto muy asociado a la juventud y a la salud. Digamos que nos estamos beneficiando de algo que ha surgido sin darnos cuenta y sin haber hecho nada para que suceda. Pero nuestro mensaje es que tenemos que aprovechar esa dinámica y empujar un poco más con promoción. Queremos subirnos a esa ola y surfearla, por decirlo de una forma gráfica. Lo que no queremos es que venga una ola y nos arrastre.

– ¿Hay empresas extranjeras, sobre todo de China, comprando explotaciones de cítricos en esta zona?

-De momento no hemos detectado nada a ese nivel. El mercado es muy claro. Argentina es el primer productor del mundo, aunque se dedica principalmente a la industria, y España el segundo, y a su vez el primero en exportación en fresco. También somos los primeros de la UE en producción bruta. Tenemos el liderazgo mundial y exportamos a más de 85 países, 28 de ellos de la UE. La Región de Murcia representa el 60% del total nacional, pero hay mucho limón que se produce en Málaga, Almería o Alicante y que se exporta desde Murcia. Somos el centro neurálgico del limón en España.

-La industria ofrece un amplio abanico de negocio. El limón es más que zumo. También se emplea en medicina, cosméticos, higiene y lógicamente en alimentación.

-A la industria va el 25% de la producción. Es un buen colchón. Existe un eficaz diálogo entre la parte industrial y la parte en fresco, que se autorregulan. Del limón se obtienen tres familias o categorías: el zumo directo o concentrado; los aceites esenciales que se utilizan en alimentación, aromas, cosmética y perfumería; y luego tenemos la cáscara, que se deshidrata para obtener pectina. Esta se utiliza como emulgente, por ejemplo para darle textura y crema al yogur. Del limón se aprovecha todo. Estamos trabajando en nuevas aplicaciones en cosmética y perfumería. También queremos potenciar y darle mayor valor añadido al aceite de limón que se extrae de la corteza.

-Todavía tienen un campo de investigación muy abierto.

– Hay muchas posibilidades de nuevos usos. Llevamos tiempo tratando de convencer a la industria conservera para que utilice zumo natural en lugar de ácido cítrico artificial en los procesos de la alcachofa, por ejemplo. Poco a poco se va consiguiendo, porque al final el fabricante de una conserva tiene una etiqueta más limpia. Otro factor es que la población mundial aumenta y los hábitos de higiene mejoran conforme se desarrollan determinados países. Muchos productos de limpieza e higiene llevan zumo de limón aunque sea en cantidades muy pequeñas. Todo ayuda y suma.

-¿Buscan nuevas variedades?

-No renovamos mucho. Básicamente es limón fino o verna. Se prueban nuevas variedades, pero las características del limón hacen que resulte muy lento y complejo, con una tasa de éxito muy baja en comparación con otros productos. Hace años llevamos a cabo un trabajo con el Imida y no se sacó nada en claro. Sí que trabajamos en el limón sin semillas, que puede ser interesante en algunos nichos de mercado. Lo hacemos con variedades traídas de Estados Unidos y de Australia y estamos viendo cómo se adaptan.

-¿Intuye que la UE es ahora menos amigable con la agricultura, endureciendo controles y directivas?

-Acudo a Bruselas desde hace 20 años y cada país miembro de la UE va a lo suyo. Ahora que somos 27 estados y medio las cosas se complican muchísimo más. Por ejemplo, hemos tardado seis años en modificar la normativa que regula la producción ecológica en Europa, pero el resultado ha sido totalmente frustrante y no se ha avanzado nada porque se pretende que todo el mundo esté más o menos contento. Hay una presión muy fuerte de los grupos ecologistas y eso provoca un endurecimiento cada vez mayor de las autorizaciones de productos fitosanitarios. Paradójicamente, al mismo tiempo estamos sometidos a nuevas plagas que pueden afectar al futuro de nuestra agricultura. Es una locura. La agricultura tiene cada vez menos peso. Se ha comprobado con el ‘veto ruso’.

-¿Cómo se implica el sector en la producción ecológica?

-Hace 10 años no existía la producción de limón ecológico. Ahora producimos un 10%. Tenemos una oportunidad histórica. Debido a numerosos casos de fraude y de hacer mal las cosas, Italia ha perdido la credibilidad con el limón ecológico. Ahora los clientes nos están mirando a nosotros. Si hacemos las cosas bien tenemos ahí un potencial de crecimiento del 10% al 15%.

China y el «marketing»

-¿Reciben subvenciones europeas, ayudas o precios de retirada?

– Nada. Somos un sector que vive exclusivamente del mercado. Algunos productores arrastran un derecho histórico del pago único, pero es minoritario o han renunciado por el simple trabajo de hacer el papeleo. Ailimpo no recibe subvenciones y su funcionamiento es cien por cien privado. Eso nos da una independencia que valoramos de una forma muy importante. Es decir, nosotros no tenemos que comer del pesebre que la Consejeria o las administraciones nos puedan poner, como lamentablemente otros sectores sí que hacen.

-¿De qué forma les afectará el Brexit, dado que el Reino Unido es su tercer mercado exterior?

-Es el tercer destino para nuestro limón, después de Alemania y Francia. Es un mercado muy importante y los temores siguen ahí porque parece que vamos al peor escenario posible; el de no acuerdo. Hasta ahora, salvo el tipo de cambio de la libra, se trabaja con normalidad. Los efectos los notaremos al día siguiente de la separación, cuando el Reino Unido se convierta en un país tercero, con unas consecuencias comerciales muy potentes. Hemos hecho un diagnóstico e identificado los puntos críticos. La Administración española está un poco durmiente, a diferencia del Gobierno regional, que tiene un comité. El Instituto de Fomento hace un buen trabajo. El Brexit puede afectar al tráfico comercial y desacelerar la economía del Reino Unido, con su efecto en el poder adquisitivo de los consumidores. Eso puede cambiar incluso los estándares de calidad y los hábitos de consumo.

-¿Temen que se conviertan en una moneda de cambio?

-La agricultura siempre es una moneda de cambio. El Reino Unido nunca va a ser un productor de cítricos, pero en hortalizas realiza inversiones potentes para intentar autoabastecerse, al menos en un porcentaje. Ahora me preocupa más la amenaza de Turquía porque la lira turca se ha devaluado un 40% y al mismo tiempo tienen una buena producción. Este año notamos una mayor agresividad comercial. Turquía está con precios de derribo.

-¿Cuánto les interesa Asia?

-No somos optimistas. La distancia es muy fuerte y los protocolos fitosanitarios hacen prácticamente inviable la exportación. Tenemos más esperanza en Canadá, Estados Unidos y Brasil, que están funcionando muy bien. Lo de abrir mercados en Asia siempre ha sido más simbólico, con volúmenes y cantidades muy pequeñas. Ha sido un invento de los políticos, porque eso de China llena muchas portadas. Es más un tema de marketing, a veces muy manido por los políticos. Creo que la uva y la fruta de hueso tienen opciones, pero en nuestro caso lo veo más complicado.

– ¿Cómo llevan el déficit de agua?

-Nuestro grado de incertidumbre es mayor que en las hortalizas. Con ellas puedes perder un ciclo de cultivo de 90 días, pero con el limón te juegas 10 años para recuperar cada árbol que se pierde. Compartimos la misma sensibilidad que los demás, en el frente común por el agua. No es por echar leña al fuego, pero cuando se produce una situación crítica debería haber un sistema que garantizara una preferencia de riego, para un arbolado frente a una hortaliza. Creo que es de sentido común. Nos estamos jugando el trabajo de 8 o 10 años.

-¿Cómo les afecta el boro?

-Es otro problema que hemos detectado, ya que se están produciendo ciertas anomalías, en el cuaje y la madurez, en algunas zonas donde el uso del agua desalada es bastante intenso. No sabemos si son atribuibles al boro en un cien por cien, pero evidentemente nos preocupa la calidad del agua.

Deslocalizar en Almería

-¿Hay mucha deslocalización?

-En los dos últimos años estamos notando un desplazamiento o nuevas inversiones de forma preferente en Almería, donde parece que el agua estaría más garantizada. Hemos reinvertido mucho en estos años de bonanza. La modernización de las fincas y almacenes es tremenda. No sufrimos con la crisis inmobiliaria porque nos dedicamos a lo de ‘zapatero a tus zapatos’. Puede haber alguna excepción, pero en general es un sector que se dedica a lo que sabe hacer. No le gusta las aventuras allí donde no controla.

-¿Qué peso tiene la facturación de la Región de Murcia?

-Depende de la campaña. La facturación global es de 700 millones de euros, y nuestra Región aporta más de 500. El impacto en sectores auxiliares es de otros 300 millones. El sector da trabajo directo a 20.000 personas, más de la mitad mujeres. La actividad en los almacenes la realizan mujeres, y eso tradicionalmente ha supuesto una renta para muchas familias. Una renta administrada y gestionada por las mujeres, lo cual ha tenido un impacto brutal en Murcia en los últimos 30 o 40 años. Es decir, muchas carreras universitarias se han pagado con el dinero de los limones. Y muchas vacaciones también. Creo que de forma indirecta y sin haberlo buscado, el sector ha contribuido mucho a que la mujer tuviera una cierta autonomía económica.

-¿Cómo han reaccionado con el problema del Mar Menor?

-Estamos un poco perplejos con el debate sobre el Mar Menor y el Campo de Cartagena, donde se ha utilizado de una forma muy manida el concepto de sostenibilidad, que nadie sabe definir. Hemos sido muy críticos en ese proceso. La gente del limón que está en el Campo de Cartagena, donde hay mucha producción, ha demostrado que se pueden hacer las cosas de forma distinta.

-¿Cómo de críticos?

-En general, no hemos sido ágiles para convertir un problema en una oportunidad, y creo que se podían haber hecho las cosas con mayor visión porque tenemos una responsabilidad con el entorno que nos rodea. No estoy hablando de convertir el Campo de Cartagena en producción ecológica, porque si entras en detalle te puedes llevar la sorpresa de que el cultivo ecológico puede ser menos sostenible que el cultivo convencional bien hecho. Hay que cambiar el chip porque la sociedad y los clientes nos piden otras cosas.

-¿Han tenido problemas con sus clientes, les han preguntado?

-Problemas ninguno. Nos han pedido explicaciones y se las hemos dado. Han preguntado sobre todo ingleses y alemanes, aunque saben que nosotros funcionamos de manera distinta al cultivo hiperintensivo de hortalizas. Se ha generado una tensión innecesaria y se pueden hacer las cosas bien. Nosotros lo hacemos.

Fuente: laverdad.es

2018-10-24T15:13:51+00:00