La mirada de un citricultor: “Excepto la clase política, estamos todos con la nariz arriba del agua, tratando de subsistir”

Gustavo Piloni tiene 54 años y es un productor citrícola de Monte Caseros, Corrientes, que exporta su fruta desde Chajarí, Entre Ríos, a través de Fama SA, empresa que integra desde su creación.

El apellido Piloni es más que conocido en su ciudad natal y también en el norte entrerriano. Es que Gustavo pertenece a la tercera generación de una familia emprendedora, con ramificaciones en el comercio, la logística y el campo. Su estirpe citrícola se nota por la pasión con la que explica los detalles de la actividad.

En los buenos tiempos, su familia llegó a exportar el 25% del total de su producción. En la actualidad, no consigue llegar al 15%.

A la devaluación se la tragó la inflación

Piloni no anda con vueltas al sostener que la devaluación ha sido devorada por la inflación, en parte consecuencia de la necesidad del gobierno de recuperar el atraso en las tarifas de los servicios. “En algún momento la economía se tiene que sincerar”, admite. “Porque, como nos decía un profesor, la economía resiste cualquier cosa, podés hacer cualquier cosa, pero jamás vas a evitar las consecuencias. Tarde o temprano esas consecuencias llegan y viene el ajuste. Bueno, es lo que estamos viviendo”, razona.

Sin filtros, Piloni resume en una frase su diagnóstico del presente: “todos los sectores, excepto la clase política, estamos todos con la nariz arriba del agua tratando de subsistir”. Pero enseguida le da chances a la esperanza: “estoy confiado en que a partir de acá se empiecen a reacomodar todas las variables, porque tampoco podíamos vivir de una fantasía”.

“No quiero ser agorero -agrega- pero con este tipo de cambio de hoy estamos atrasados nuevamente. Hemos cerrado los costos para la nueva temporada tomando la actualización de paritarias, el costo laboral, más todo lo que se ha incrementado el flete, todos los insumos, y estamos exactamente como estábamos antes de la devaluación. Estamos caros y tenemos que competir con países del hemisferio sur, que tienen 30 a 40% menos de costos”.

Los números de la falta de competitividad

Al problema de la falta de competitividad lo explica con cifras contundentes: “yo tengo un costo de 7,50 en una caja de 10 kilos y Sudáfrica 5,20. Encima, tenemos los mismos mercados, como por ejemplo los países de Europa, donde ellos ingresan con costo cero porque tienen acuerdo de libre comercio y Argentina debe pagar 16% de arancel en mandarinas. Con el costo nuestro más ese 16%, el escenario es muy desfavorable”.

Con cierta nostalgia matizada de orgullo, Piloni recuerda que la zona del noreste argentino “llegó a abastecer a las grandes cadenas de supermercados ingleses”. “A esos espacios los fuimos perdiendo, por lo sanitario, por la cuestión varietal, por no ser competitivos. Y a esos mercados que perdimos, lo tomaron otros países, como Chile y Perú”, lamentó.

Los que van por la banquina y los que están en la pecera

La informalidad es para Gustavo Piloni el “gran condicionante” que está destruyendo a la citricultura: ” Afecta en forma directa en lo laboral, comercial y sanitario. Son tres rubros que están diezmados y tenemos una competencia absolutamente desleal. Más aún con la irrupción del HLB en el macizo citrícola del NEA, en zonas donde la informalidad campea”, advierte.

“Culpa de la informalidad -insiste- tenemos competidores que van por la banquina mientras el resto vamos por la ruta pagando todos los peajes habidos y por haber. Ese que va por la banquina tiene una rentabilidad que no tenemos los demás, especialmente en la fruta para mercado interno”.

“El exportador, que opera en blanco, está dentro de la pecera”, grafica Piloni. “¿Dónde pescan la AFIP, el Ministerio de Trabajo, los demás organismos oficiales?”, se pregunta. Y enseguida dispara la respuesta: “En la pecera. El resto, los informales, andá a buscarlos y encontrarlos; o amenazan, o les tumban las camionetas, o sacan las cadenas, como ya conocemos” .

“La informalidad -enfatiza- es muy grave porque no te permite tener datos creíbles, datos de producción, y no podés bajar una política al sector porque no es fiable lo que hay registrado. También por la informalidad el riesgo sanitario se vuelve una bomba atómica. La ley de viveros está vigente desde 2015 y todavía hay algunos clandestinos produciendo plantas. Eso no tiene ningún tipo de control ni de trazabilidad. Y justamente es allí donde irrumpe el HLB, porque no permiten los controles y siguen esquivando”, advierte.

Piloni no titubea al describir la lógica de lo informal: “Escuchás a productores que se quejan porque el gobierno no los ayuda, pero si le piden la declaración de impuestos están como monotributistas y facturan 4, 5 u 8 millones de pesos por año. Esa es la realidad y hay que hacer autocrítica”.

“Si estamos todos en el mismo pantano, entonces ayudémonos, pero con consignas claras, que sea la pelea un poco más justa. Acá, quien más rápido se funde es quien tiene estructura, porque no se la puede aguantar. El resto que va por la banquina va esquivando, con otro nivel de riesgo pero va yendo”, denuncia.

Las retenciones y los “21 millones que van a buscar el cheque todos los meses”

La mirada de Gustavo Piloni sobre las “retenciones” no se limita a la queja. Es más, se atreve a plantear que el asunto tiene causas profundas, “culturales”.

“Los derechos de exportación, los 4 pesos por dólar, son un disparate, pero no queda alternativa. Nos cae a todos, desde los autopartistas hasta el que planta la batata, si quiere exportar. Estamos todos iguales, parejos. Todos sabemos, incluso las autoridades, que es insostenible, pero se ve a los muchachos, cómo reclaman allá en Plaza de Mayo, en la 9 de Julio, que aumenten los planes… ¿De dónde sale el dinero para eso? ¿Hay una varita mágica para fabricar billetes y que no afecte la economía? A esta cultura hay que cambiarla y va a costar un montón”, concluye.

Según Piloni, en la Argentina “hay 21 millones que van a buscar el cheque todos los meses y 6 millones que la tenemos que remar para cumplir todas las semanas con los vencimientos impositivos para llevarle dinero al Estado, municipal, provincial, nacional”.

En ese contexto, considera “ridículo” decir que el gobierno “es insensible y demás yerbas”. “Mirá la otra parte y hay gente que la pasa mucho peor, hay jubilados que la están pasando muy mal, por ejemplo, y si ponés todo eso en la balanza… y sí, te toca… No hay alternativa”, dice.

“Yo estoy con la necesidad de que las cuentas cierren, del equilibrio fiscal, es lo más responsable que podemos hacer, es como manejás tu empresa, tu economía familiar. Para eso nos toca tomar esta medicina amarga a todos y en eso estamos todos parejos, que es lo diferente a años anteriores”, admite.

Las proyecciones para la temporada 2019

Por una “condición de producción básicamente”, Gustavo Piloni entiende que este año podrá exportar un poco más que en 2018. “El año pasado, una sequía histórica nos pegó una paliza tan grande como no tengo memoria, desde noviembre hasta marzo, y nos quedó un montón de fruta sin poder exportarla. Este año, con un clima más benigno, hay mejor calidad de fruta”, explica.

“A pesar de que los números son muy tirantes, tenemos que esforzarnos, tomar riesgos, y exportar. Además, tenemos una estructura en marcha y no podemos dejar todos tus colaboradores colgados de la palmera”, concluye.

Fuente: elentrerios.com

2019-04-08T19:55:05+00:00