España: El reto de la ordenación naranjera

El mundo agrario valenciano cerró 2007 dentro de esa tónica de pesimismo generalizado que parece haber adquirido ya ribetes endémicos. Salvo contadísimas excepciones los precios percibidos por los productores no cubrieron las expectativas. Por tanto otro annus horribilis -la Unió de Llauradors ha cifrado las pérdidas en 530 millones de euros- que sumar a una larga lista. No obstante de cara al año que ahora arranca el sector cuenta con algunos elementos de reflexión sobre la mesa que atañen al cultivo más emblemático e importante de la Comunitat Valenciana: los cítricos.

La campaña naranjera en curso y después de cuatro años de fiasco total para los agricultores está funcionando hasta el momento y con sorprendentes excepciones como la que presenta la navelina razonablemente bien. Al menos ha vuelto la negociación de precios en el campo tras mucho tiempo de preponderancia absoluta de las ventas a resultas (sin cotización pactada de antemano).

La causa de ese clima bonancible se encuentra sin duda en la severa reducción experimentada este curso por la cosecha una circunstancia que facilita la posibilidad de poner en práctica una comercialización más ordenada. ¿Qué sucederá sin embargo cuando las previsiones del próximo mes de septiembre devuelvan los niveles de producción citrícola en España a sus muy voluminosos tonelajes habituales? ¿volverá entonces el caos que ha marcado las últimas temporadas? El presidente de Intercitrus Enrique Bellés ya ha comentado en más de una ocasión que el sector debería aprovechar esa cierta calma comercial que caracteriza a la actual campaña para analizar la situación de los mercados y diseñar estrategias conjuntas encaminadas a abordar con garantías la viabilidad de la citricultura valenciana como negocio en los próximos años. Intercitrus pese al desprestigio y la falta de credibilidad que arrastra es el foro adecuado para intentarlo antes de que sean las implacables realidades de mercado las que se encarguen de ejecutar la ordenación del sector.

En otros cultivos las perspectivas tampoco resultan especialmente halagüeñas y por eso mismo se impone el diseño y puesta en marcha de iniciativas dirigidas a invertir esa tendencia negativa que se ha convertido en moneda corriente. Especialmente inquietante resulta el futuro para el colectivo ganadero valenciano. El incesante incremento del precio de los cereales -materia prima fundamental de los piensos para alimentación animal- vuelve especialmente vulnerables a los granjeros que están viendo amenazada la continuidad de sus explotaciones. Pero no son los únicos. El bolsillo de la ciudadanía está sufriendo por el mismo motivo el encarecimiento de muchos alimentos básicos.

fuente: Levante-EMV

2017-11-01T19:04:02+00:00